TALLER COLECTIVO DE EDICIÓN

COLECTIVO EDITOR EN CONTEXTOS DE ENCIERRO, BUENOS AIRES, ARGENTINA. Integramos el Programa de Extensión en Cárceles de la Secretaría de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Sin título

por Anónimo de la Cruz

Ilustración de Alexander

La burbuja… los días tomaron su curso, aún percibo el aroma a café. Ebrios de risa y muy deprisa, el techo de cristal, eterna sombra infinita, el tiempo convertido en ostracismo, retrae al sol, y su otredad “el instante y la eternidad”, dialogan a menudo en la inmensidad, pues simplemente existen, engranan todo aquello que es bello y sublime, gritan o irrumpen a un solo clamor. No pueden cambiar, son constantes, en su imprescindible monogamia que decae en un improvisado crepúsculo, seguido del beso que dura a un sumido soplo de voces, la vida que oscila no se resigna a la forma, de lado hay que añadir que hoy estoy y no me voy, pues consideren que soy una súbita fugaz presencia.

Epitafio, “oculto con la infame vida de goces en la mente, el mayor crimen que ha conseguido devolverle la sonrisa, para un siglo que nada lo ha visto; un octubre rojo, una última idea en relación a un punto de vista, que desarma a la otra”. Desde luego la realidad, y aunque el lenguaje no explique en su totalidad la intimidad que sacude y estremece el mundo, es el silencio sin palabras que nos permite ver los claros de una sublime tarde gris. La presencia misma del tiempo es el imán en el aire atildado de los tropiezos: es la imagen “DE” ahora y hoy en occidente y “LA” ilustrada del viejo mundo, lo más parecido a una mentira. La luz en la noche va seguida del destello en las armas de un octubre de rosas con espinas, el abrasador sol de la moneda va siguiendo a la moral, la palidez de muchos, herramientas de otros: admiro confesar a todo esto que tuve que extraer los apuntes en la silla, una cita y la arena: “me dijo usted, la novia viste de luto”. La vida cuya instancia hemos y nos ha marcado… una exégesis explicará luego el heroísmo en el silencio de su llanto que se rinde y ríe.

Asco la cárcel

Diálogo de Juli y su mamá sobre la educación.

por Beti

Taller de Fotografía Estenopeica del CUD, 2019

—¡Mami, ma! ¿Ya saliste?
—Hace rato, Juli. ¿Vos llegaste bien?
—Sí. Escuché en la radio que liberaron a otro violador. Enseguida pensé “uy, quién la aguanta hoy renegando todo el día por sus compañeras guardadas”.
—¿Guardadas? Dios mío, no uses esa expresión, hijo. Suena malísimo.
— Uh, perdón. Me pregunto si esos tipos piensan y me pregunto si la cárcel les hizo bien, mami.
—No, la cárcel no sirve para nada. Asco la cárcel, Juli.
—Jaja…
—Ponés “jaja” al pedo. No es gracioso. La cárcel no le hace bien a nadie. Hay alguien que te mira y te ayuda a cuidarte en cualquier lugar. Hay algo que te regula. El miedo de vivir sin tus hijos un día más. El terror a morir sin ellos en ese lugar.
— Ay mamá…cuando vos empezaste a estudiar se te veía contenta. Parecía que el miedo se te había pasado.
—¿Parecía? Y sí, me armé. Esa gente que va recontra parada de manos, con el alma cargada de vocación y los ojos llenos de confianza en nosotras nos hacen poner fuertes y nos dejan ver, entre otras cosas, su compromiso; la idea firme de sacarnos de ahí enseñándonos a pensar, entregando, prestando, facilitando herramientas para que podamos hacerlo. Y para que podamos usar el fierro más poderoso del planeta.
—No hables así, mamá, ¿qué fierro?
—El bocho, hijo, el pensamiento.
—Ja ja ja y ja. Te amo, viejita.
—Sí, Juli, es verdad. Aprendemos a tratarnos bien y a tratar bien. Hasta las drogas se retiran solas. Ya no tienen lugar. Pasan a ser parte de la gilada.
—Concuerdo, mami. Vos estás más reflexiva. Hablás más linda que nunca. Aunque siempre sos graciosa para hablar.
—Vos no, jaja. Juli, necesito que retomes tus estudios.
— La puta madre… Sí, mamá, sí.
—Pero destacás y rechazás el hecho de estudiar.
—Solo dije que en la cárcel, mami, hay algo bueno, que es la posibilidad que les dan de estudiar.
—En la tumba no hay nada bueno, Juli, nada. Pero sí hay un lugar donde podés encontrarte cuando te encierran, y liberarte. Es el CUE. Es un lugar para encontrarse, salvarse y salvar a nuestros hijos. Hablando de todo un poco, necesito que te inscribas nuevamente en la facultad, hijo. Por favor. Te amo, voy a seguir trabajando.

El niño de pijamas a rayas

por Sinclair

Taller de Fotografía Estenopeica del CUD, 2019

Silencioso todo en la madrugada del quinto. El quinto, no por nada, es el cerebro de Devoto. Una madrugada, entraban tres compañeros luego del motín. Entre las peleas por conseguir salud, medicamentos y comida, al momento de empezar a conseguir las promesas de algo, la gorra, bien gorra: con sus códigos de poner todo en contra nuestra, con la falsa voz de los medios de que ganamos cuando no nos dieron nada —es más, estamos peor—. Pero el orgullo de ellos es la gran frase que bufan en el ingreso: “Bienvenidos a la casa grande, esta es nuestra casa”. Sí, es verdad. Ese orgullo de superioridad y dominio, se lo rompimos. No fue por honor, tampoco un berretín. Fue un reclamo, un pedido de ayuda para exponer lo que nos pasa. 

Pero aún no entienden que el castigo nos hace peor. Eduquen y van a encontrar resultados. Maltraten y también van a encontrar resultados. En ustedes y en nosotros está el resultado que queremos conseguir. Al momento de romper su orgullo vio el mundo cómo derribábamos el poder de la casa grande. Después de las falsas negociaciones que nunca cumplieron, de reuniones a las que no asisten, de extensas horas y prolongación, sabíamos que iba a llegar otro movimiento —como lo dijo el Boli: esto es un ajedrez—, pero no sabíamos cuál ni cuándo. 

En el quinto están los universitarios, los que saben cómo defender sus derechos, a los que la gorra ni siquiera se atreve a cruzar. Nos esquivan, nos ignoran, no nos pueden vulnerar como quisieran. Pero ahí estábamos, en el tablero, y llegaron los tres peones. 

Los asistimos, los hicimos de nosotros. Son de nosotros. Nos apoyamos siempre y más cuando es contra el sistema de desigualdades y represiones. 

Al otro día vi que uno de esos peones tenía la cara demacrada. Colorado, no aguantó más y cayó. Se fue a Enfermería y nunca más volvió. Al cuarto día, el segundo peón, colorado y afiebrado, cayó. Nunca volvió. Lo reclamamos —es lo que hacemos, nos cuidamos entre nosotros—. “Todo es cuestión de protocolo” dijo el buchón. ¿Qué protocolo?, ¿ese por el que no nos dan nada? ¿por el que no nos dan nada de higiene? ¿y cuando estamos aislados, traen gente nueva? ¿y nadie nos hace el hisopado? Ah sí, tenés corona, o te quebrás, o las tripas para afuera: diclofenac, para todo. 

¡Qué movimiento! A nuestros dos peones les dio positivo de COVID y los metieron una madrugada. ¿Todavía no te das cuenta por qué?, ¿por qué meten el COVID de madrugada y nos dejan acá encerrados?

Me siento un niño con pijamas a rayas que a veces juega y se distrae un poco para no ver la realidad, pero que en el fondo bien sabe que, de una forma u otra, se acerca algún fin. El COVID nos instiga entre nosotros. En su sistema de represión y berretines que controlan todo, tuvieron que mandar a sus giles de gris igual a mulear. Y así, nos contagiamos: al comenzar sin querer, pero pasaron los días y contagiaron el cerebro de Devoto a propósito. Dentro de un mes, espero no contarte cómo caen los peones de nuestro tablero. 

Silencioso, es un gas que de a poco se esparce. Es una cámara de gas sin salida, en la que a muchos los está haciendo felices vernos morir de a poco. 

Los dos rocks de la cárcel

por Gustavo

Versiones comparadas y comentadas.

Taller de Fotografía Estenopeica del CUD, 2019

El rock de la cárcel (Jerry Leiber, Mike Stoller)

Un día hubo una fiesta aquí en la prisión, la orquesta de los presos empezó a tocar,
tocaron rock and roll y todos se animaron, un cuate se paró y empezó a cantar el rock.

El gato le sabía dar al saxofón y Germán le sonaba duro al trombón.
Mary batería se decide a tocar y toda la cárcel se puso a bailar el rock.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock.

El 47 dijo al 23 “Óyeme mi cuate vamos a bailar. Párate volando a rocanrolear,
el rock de la cárcel va a comenzar, el rock”.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock.

Un amargado no quiso bailar, se fue al rincón y se puso a llorar,
llegó el carcelero y le dijo así: “el rock de la cárcel es para gozar, el rock”.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock.

El ronco dijo al gordo: “es mi oportunidad, no hay quien me vea y me puedo pelar,
haz tú lo que quieras pero yo no voy, pues yo no quiero dejar de bailar el rock”.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock, corrieron a bailar el rock, corrieron a bailar el rock.

pelar: escapar


Rock de la cárcel (David Lebón)

Un día hubo una fiesta aquí en la prisión, la orquesta de los presos empezó a tocar,
tocaron rock and roll y todo se animaron, un cuate se paró y empezó a cantar el rock.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión corrieron a bailar el rock.

Villariño toca el saxofón y Pachorra le pega duro al trombón.
El Negro batería se copó en tocar y todo en la cárcel se puso a bailar el rock.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock.

El 45 le dijo a 26: “Vamos a mi cuarto y vamos a bailar. Hasta la mañá a rocanrolear
el rock de la cárcel va a comenzar, el rock”.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock.

Un amargo no quiso bailar, se fue al rincón y se puso a llorar, llegó el carcelero y le dijo así:
“El rock de la cárcel es para gozar, el rock”.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock.

El cabo me dijo: “Esta es mi oportunidad, no hay nadie que me vea y voy a pegar,
todo lo que quieras pero yo no voy, pues yo no quiero dejar de bailar el rock”.
Todo el mundo a bailar, todo el mundo en la prisión, corrieron a bailar el rock, corrieron a bailar el rock, corrieron a bailar el rock.

Villariño: fugado
45 y 26: celdas
cabo: celador